Principio y fin

Otros 2022 Anabela

Un estudio determina cuáles son las posibilidades de éxito de los miembros de una generación

Comenzar la lectura

¿Las circunstancias? ¿El contexto o el entorno en que nos desarrollamos? ¿El lugar donde nacimos? ¿Los genes? ¿Qué es lo que verdaderamente condiciona nuestra vida?

Algunos se desesperan por conseguir el éxito y creen haberlo logrado cuando conquistan el bienestar material basado en la acumulación de dinero. Otros creen que el éxito es la realización individual al alcanzar el equilibrio perfecto entre lo físico y lo espiritual. Muchos, en cambio, ven el éxito como una verdadera utopía que se aleja cuando creemos que está muy cerca. «Y cuanto más voy pa’ allá, más lejos queda, cuando más de prisa voy más lejos se va», canta Serrat.

Una investigadora social se propuso determinar qué factores son los que más inciden en nuestro progreso individual, basado en un estudio con 40 excompañeros de su viejo liceo que provenían de distintos contextos. Consideró que era una muestra aceptable desde lo metodológico, sencilla de abordar por el vínculo previo con los encuestados y por disponer de información relevante sobre esa generación, lo que ayudaría a profundizar la información. Todos ellos habían cumplido 45 años, por lo que podría considerarse que el camino al éxito se hallaba a mitad de camino, teniendo en cuenta que una realización plena es difícil de alcanzar a esa edad, aunque, como todos sabemos, existen las excepciones.

La institución a la que asistieron estas personas es pública, lo que asegura una muestra relativamente diversa en términos socioeconómicos.

Los resultados sorprendieron

La primera fase de evaluación de resultados consideró el fenómeno contextual, es decir, aquellas condiciones del entorno que eventualmente se trasladaron de padres a hijos y que pudieran haber repercutido en el desempeño y eventual éxito de sus recorridos.

Los que más…

De los cuarenta casos, solo 6 provenían de hogares donde sus padres habían logrado una consolidación económica. Esas familias tenían condiciones de base muy por encima de la media. Sin embargo, solo uno de ellos logró un desarrollo profesional exitoso, habiéndose recibido de ingeniero civil, contando con un doctorado en ingeniería de gran porte. Esa persona ocupa el cargo dirigencial en un organismo internacional de créditos muy conocido que financia infraestructura vial y portuaria apoya a los países menos desarrollados.

Otro miembro de ese grupo de 6 se graduó tardíamente como abogado y trabaja con un tío que tiene un conocido bufete que atiende a acaudalados clientes. Podría decirse que tuvo un trayecto curricular regular y que unas condiciones preexistentes (la posición de su familia) le permitieron una rápida salida laboral en condiciones ventajosas. El tercero dejó los estudios en secundaria para dedicarse al negocio familiar, un complejo de alojamientos –en un sitio turístico– que pelea día tras día por no clausurar su actividad ante el avance constante de la competencia. El cuarto también abandonó los estudios al año de haber ingresado a la universidad para estudiar Ciencia Política, aunque esto no le impidió seguir los pasos de su padre (político retirado) y hoy ocupa un puesto contratado en la función pública. Una quinta persona se casó con un empresario agropecuario, abandonó sus estudios en secundaria y se dedicó a su familia, llevando un estilo de vida casi rural a 140 kilómetros de la ciudad más cercana.

Finalmente, la última integrante de este grupo que contaba con condiciones excepcionales de inicio concluyó su carrera de nutrición y montó su propia clínica que cuenta con tres sucursales y reconocido prestigio. En este caso también jugó a favor la ayuda familiar para una rápida inserción laboral a través de la instalación de un negocio.

Podría decirse que las personas que nacieron en contextos muy favorables tuvieron relativo éxito en sus vidas, destacándose una de las trayectorias profesionales por haber conseguido un doctorado y posicionarse en un alto cargo en un prestigioso organismo internacional. Otros dos hicieron un recorrido correcto o esperable, mientras que los otros tres abandonaron tempranamente sus estudios (uno para desarrollar actividades comerciales, otro para dedicarse a la función pública y la tercera para radicarse en el campo).

Esto demuestra –al menos parcialmente– que el contexto no es determinante para asegurar el éxito en el desarrollo profesional, medido en años de educación y empleos conseguidos. Algunos dirán, en cambio, que la persona que decidió radicarse en el campo logró su éxito, o el funcionario público. No así el comerciante, que administra un complejo turístico con claras dificultades cuando bien pudo conseguir unas metas distintas.

Los que menos…

Del grupo en cuestión, nueve exalumnos provenían de contextos desfavorables, con limitaciones diversas en sus hogares, cuyos padres también eran parte de un pasado familiar carente de recursos materiales.

Basta con señalar que solo dos personas lograron ascender por su propio mérito y alcanzaron un destaque que no es proporcional a los medios que disponían al inicio de su recorrido. Una de ellas es psicóloga, ingresada por concurso a una dependencia de salud del Estado, mientras que el otro exalumno hizo la carrera militar y es un experimentado piloto de la fuerza aérea de su país con notables condiciones.

Otros tres estudiaron un oficio para salir al mercado de empleo, otro estableció un pequeño comercio de venta de ropas, otra cuida a personas de edad avanzada a tiempo completo y las dos restantes dijeron encontrarse sin trabajo al momento de la encuesta, señalando que aún viven en la casa de sus padres.

De todo ello el informe concluye que sí es determinante el contexto en el cual nos toca desarrollarnos, porque condiciona fuertemente el futuro ampliando o limitando las oportunidades (más allá de los niveles educativos alcanzados, como vimos antes).

¿Y la genética?

De esa generación de 40, solo dos eran considerados brillantes por sus pares por su rendimiento en secundaria, por determinadas condiciones genéticas que condicionan lo que somos capaces de aprender. Existen evidencias estadísticamente significativas para hablar de una relación directa entre genética y desarrollo intelectual. Sin embargo, ninguno de estos dos alumnos considerados sobresalientes en secundaria alcanzó un destaque en su restante trayectoria educativa. Eso no quiere decir que no hayan logrado su propio éxito, pero claramente estaban dotados de unas capacidades especiales que no lograron establecer una certera conexión con las demandas del mercado educativo y de trabajo. Uno de ellos atravesó duros momentos de salud y hoy trabaja en un supermercado en un puesto destinado a personas con dificultades psicomotrices. El otro incursionó en la literatura, ha publicado libros que han obtenido escaso reconocimiento de la crítica e imparte clases en un liceo público.

El informe no concluye que han fracasado, pero descarta que el factor genético haya incidido positivamente en sus vidas. ¿Cómo es posible que los alumnos que obtuvieron la máxima nota en la escuela y el liceo no consiguieran escalar profesionalmente? Es una pregunta que podría tener tantas respuestas como diversidad de factores coadyuvantes.

Lo que pudo ser y las decisiones propias

En informe concluye que ni el contexto o el lugar donde nacimos ni el factor genético afectan tanto nuestras posibilidades como las circunstancias que nos rodean. Un momento puede cambiar todo para siempre.

No es una afirmación caprichosa, se basa en el pasaje del estudio que analizó el segmento mayoritario de esa generación, donde 18 alumnos fueron impactados por factores externos y decisiones propias que cambiaron drásticamente el rumbo de sus vidas, algunos para su bienestar y en otros casos acabando con sus proyectos.

Veamos solo algunos de esos casos…

Carla cursaba el tercer año de facultad de odontología, pero una noche de celebración truncó su carrera. Salía de un bar en compañía de amigos y el auto en el que se trasladaban fue impactado por un conductor alcoholizado; sufrió serias lesiones que la llevaron a un largo proceso de recuperación que duró más de un año. Volvió a su ciudad natal donde su familia la arropó y en esos meses se reencontró con un viejo amor que permaneció junto a ella en esos momentos difíciles. Carla se recuperó parcialmente, pero nunca recobró su vitalidad. Decidió quedarse en su ciudad, se casó con su amor adolescente y hoy atiende un comercio multirubro que ambos emprendieron.

Analía había finalizado secundaria, tenía decidido estudiar arquitectura y así fue como se inscribió para cursar primer año, lo que implicaba mudarse de ciudad.

Tenía la ilusión de complacer a su padre, quien durante décadas se desempeñó en la industria de la construcción y creó su propia empresa.

Cuando estaba todo listo para que Analía iniciara su recorrido universitario, una llamada cambió su destino para siempre. Su padre enfermó gravemente y ella debió posponer sus estudios. Como el padre no podría volver al negocio durante meses, ella se hizo cargo de sacar adelante la empresa bajo supervisión de su progenitor y el aporte del equipo de colaboradores. Si bien ya conocía al detalle las características del servicio, tuvo que aprender a gestionar y negociar con clientes y proveedores. Un día, estableció comunicación por chat con un amigo de la infancia que se había radicado en EE. UU y que, coincidentemente, se dedicaba a la construcción de casas, específicamente ofrecía un sistema patentado de cabañas de madera que tenían singular éxito.

Hablaron, negociaron y hoy Analía y la empresa familiar tienen la representación exclusiva de esas casas en su país. Nunca volvió a estudiar arquitectura.

Y aquí la historia más impactante de todas, la que determina el verdadero significado de las decisiones que tomamos a diario.

Era una noche de verano y el aeropuerto estaba lleno. Unos esperaban a familiares, otros a amigos, parejas, hijos. Otros los despedían.

Mi vuelo partiría en una hora, yo estaba atenta al intenso movimiento mientras pasaban los minutos. Por uno de los ingresos se acerca Eric, un chico que siempre me atrajo y por el cual lloré mucho cuando se fue a Australia, porque estaba enamorada. Lo vi venir, él me miró y me identificó inmediatamente a pesar de los cuatro años transcurridos. Se acercó y nos saludamos como en aquella noche de verano que nos conocimos. Llegaba cansado y yo estaba ansiosa por mi partida, pero el tiempo pareció detenerse lo suficiente para que nosotros pudiésemos hablar, mirarnos y desearnos. Él visitaría la ciudad por una semana, el mismo tiempo que yo estaría afuera. Entonces no lo dudé, dejé pasar la hora, acepté perder 300 dólares del boleto, pero eso me permitiría quedarme para recuperar lo que fue mi gran amor de juventud. Y todo salió perfecto, así estaba escrito. A la semana volvió a Australia, pero a buscar sus cosas.

Me recibí de socióloga y aquí estoy, con el amor de mi vida y la familia que soñé. Esa fue mi decisión, la decisión de mi vida. Ese es mi éxito.

WhatsApp
FbMessenger
¡La URL se ha copiado correctamente!