Nuestro perro Toto

Mascotas 2024 Diego

«Espero que algún día puedas entender que no es ‘solo un perro’, sino aquello que me da humanidad y evita que yo sea ‘solo un humano'». (Richard A. Biby)

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¡Es un perro!, sentenció mi amigo con autoridad y enojo.

Faltaban pocos días para la reunión cuando le comenté que no iba a asistir ya que me iba a quedar con mi perro Toto.

Muchas personas –“y no por mal”– no comprenden el tiempo invertido, el dinero dispensado o el sentimiento por un perro. Grandes momentos de mi vida han ocurrido junto a un perro, en estados de soledad o de tristeza. La compañía de Toto, un lametón o su simple y profunda mirada hace que todo cambie para bien.

Cuando él era más chico y estábamos en el parque, se hacía muy difícil convencerlo para volver a casa. Cargarlo es prácticamente imposible, ya que sus 40 y tantos kilos tornan la tarea muy complicada, pero apelaba a las palabras mágicas “vamos a la casa de los Abuelos” y la excitación, los jadeos y el descontrol era total. Sabía que recibiría mucho amor y afecto, además de la infaltable galletita; es conocida la debilidad de los Labradores por la comida. Mi Madre, dos años después del fallecimiento de mi Padre, no podía vivir sola, ahí un ángel en la tierra que se llama Cristina la acompañó en sus últimos meses de vida. Toto la adoró desde el primer momento, quizás por el cariño que ella le daba, quizás porque en ese momento era la encargada de darle la galletita o quizás por la gran percepción que ellos tienen y sabía que cuidaba a mi Madre. Vaya uno a saber… es un perro… Ya han pasado varios años desde la partida de mis padres y aún hoy Toto mira para la puerta de su departamento y me observa como preguntando: “¿Hoy no vamos a ir?”. Alguna vez se quedó a dormir con mi Madre y Cristina; tocándole las suaves orejitas desde la cama mi Madre se quedaba dormida, recién ahí Toto se iba a dormir con Cristina; ella me contaba que ante cualquier movimiento de mi Madre, en la penumbra de la noche y sigilosamente, Toto iba hasta la puerta del cuarto y permanecía mirándola hasta que se volvía a dormir, recién en ese momento regresaba a descansar con ella.

Cuando mi hermano viene a Uruguay y se queda en mi casa, la felicidad de Toto es absoluta. Nunca lo había visto y lo quiso desde el primer momento en que se presentó, quizás sabe que es mi hermano, quizás sabe que, además, es mi mejor amigo; no sé, es un perro. Puede permanecer mucho tiempo pegado a la puerta del cuarto de mi hermano hasta que él la abre y pareciera que recién ahí comienza su día. A partir de ese momento no nos deja en paz y nos sigue a todos lados (no vaya a ser que ellos se vayan y me dejen solo, pensará).

No importa cuántas veces llegue a mi casa o si solo han pasado cinco minutos desde mi última ausencia, no importa lo cansado que él esté, siempre viene a recibirme moviendo su cola y con su peluche preferido en el hocico. Cuando me he sentado a ver el maravilloso espectáculo de un atardecer, o me he acostado en el pasto a ver las estrellas, recostado junto a mí, me ha hecho descubrir el extraordinario tiempo del silencio y he comprendido la importancia de esos instantes.

Para Toto la felicidad son los paseos, jugar con un palo o una pelota vieja. Los perros son simplemente felices estando junto a sus seres queridos, independientemente de la casa, el auto o el celular que se tenga.

Seguiré levantándome temprano por las mañanas para acompañarlo en su primer paseo diario, sin importar si es un día festivo, si llueve o hace frío; dormiré apretado y plácidamente en el borde de la cama cada vez que pida para subir y le agradeceré una vez más la humanidad que me ha enseñado, evitando que solo sea un humano.

En cuanto a por qué algunas personas no entienden que otras tratan a su perro como a un hijo y la lección de vida que ello puede proporcionar, puede deberse a diversas razones. Algunas personas pueden no tener experiencia o afinidad por las mascotas, lo que les dificulta comprender la estrecha relación que se puede formar entre un dueño y su perro.

Además, ese vínculo puede variar según la cultura, la crianza y las creencias personales. Algunas personas pueden tener dificultades para comprender el lazo emocional profundo que se desarrolla con una mascota y cómo esta puede convertirse en un miembro importante de la familia.

La lección de vida que la relación con una mascota (como un perro) puede proporcionar es única para cada persona. Para muchos, tener una mascota les enseña sobre responsabilidad, paciencia, lealtad y amor incondicional. Los perros pueden brindar compañía, apoyo emocional y enseñarnos a vivir el presente. Además, el cuidado y la preocupación por el bienestar de una mascota pueden ser una valiosa lección sobre el respeto a los seres vivos y la importancia de mostrar compasión.

En última instancia, es esencial respetar las diferentes perspectivas y comprender que las experiencias de vida de cada persona son únicas. Lo que puede ser significativo para ti y tu relación con Toto no puede ser comprendido de la misma manera por otras personas, y está bien, siempre que se respetan las diferencias en las formas de ver y experimentar el mundo.

Como dice Richard A. Biby: «Espero que algún día puedas entender que no es ‘solo un perro’, sino aquello que me da humanidad y evita que yo sea ‘solo un humano’».

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