La mayoría de nosotros cree que el mundo es uno solo y que las sociedades, con algunos matices, procuran vivir en armonía y persiguen intereses comunes. Pero la verdad es que hay suficiente evidencia de que esto no es así, que paralelamente al mundo que conocemos existen comunidades secretas cuyos hábitos nada tienen que ver con lo que conocemos como sociedad moderna y civilizada. Son grupos no contactados.
Unos de ellos son los sentineleses, que viven hace 55.000 años en comunidad y repelen cualquier contacto con el medio exterior. Hace un tiempo trascendió que un antropólogo (Trilokinath Pandit) intentó durante 24 años un encuentro con ellos y recién lo logró el 4 de enero de 1991. Es el único que pudo sobrevivir para contarlo.
Pero lejos de ser una evolución hacia el entendimiento y la convivencia, la Isla Sentinel del Norte (estatutariamente territorio indio, en el Golfo de Bengala, pero no lo controla) sigue siendo considerado el terreno más hostil del mundo. De hecho, quien se atreva cruzar una línea a unos 5 km de donde habita esta tribu, puede correr el mismo destino que el predicador norteamericano John Allen Chau, quien fue asesinado a flechazos. Ni siquiera fue posible recuperar su cuerpo.
Otros testimonios dan cuenta de la agresión sufrida por una avioneta que sobrevoló el lugar para evaluar los daños provocados por un tsunami en el año 2004. Por todo esto, desde el año 2006 las autoridades de India declararon a la Isla Sentinel como «zona de exclusión», tras el asesinato de dos pescadores que osaron acercarse al límite de su territorio.
Lo que está claro es que los sentineleses son extremadamente agresivos con los extraños y tampoco tienen vínculos con otras tribus que han alcanzado algún grado de desarrollo. Ciertas teorías sostienen que la hostilidad de esta tribu hacia la civilización nació hace casi un siglo y medio (sobre 1880), cuando una expedición inglesa incursionó en la isla y logró capturar a cinco de sus integrantes para un posterior análisis en un centro de investigación, con el fin de desentrañar el misterio de estos isleños. A poco de llegar al lugar de destino los ancianos sentineleses murieron y los tres más jóvenes fueron devueltos a la isla. Esta sería la causa más razonable que habría encendido la ira de los sentineleses con los visitantes.
Mucha audacia, mismo final.
Todos los antecedentes mortales en la Isla Sentinel no impidieron la osada travesía de un director de cine, que pese a las advertencias quiso retratar el estilo de vida de esta tribu en un documental. Fue así como preparó un equipo de técnicos y programó una expedición de 20 días hacia el lugar. Eso sí, la idea original tuvo en cuenta una posible agresión y esperarían el tiempo que fuese necesario en la embarcación, hasta recibir alguna señal desde la inmensidad de la jungla. Había optimismo en que el antecedente del antropólogo Pandit generase un clima menos hostil al recibirlos.
Pero todo se volvió una pesadilla cuando el barco quedó atrapado en una barrera de coral que protege la isla, una situación parecida a la que atravesaron anteriores expedicionistas que intentaron acercarse a este sitio. No es difícil imaginar los momentos de pánico que enfrentaron los visitantes, sobre todo cuando decenas de sentineleses se asomaron a la costa con flechas y otros elementos punzantes que utilizaban para cazar.
Unas imágenes en la cámara del propio director de cine recuperada tiempo después es evidencia de la predisposición de esta tribu en su encuentro con la civilización. Un río de sangre tiñó las costas de Sentinel y nadie sobrevivió a la cacería humana.
A varios expertos les sorprende el ensañamiento de estos isleños con otros de su entorno y todo aquel que intente aproximarse a este lugar, por lo que aseguran que es atinada la definición de «isla prohibida» que se la dio a este territorio indio bajo dominio aborigen.
Es un verdadero misterio la razón por la cual se han mantenido en completo aislamiento en más de 55.000 años. Y al parecer seguirá configurando un enorme vacío en la comprensión de la evolución humana.