Centros de poder
No solo los poderosos del mundo son capaces de decidir por los demás. ¿Eres dominador o te dominan?
No solo los poderosos del mundo son capaces de decidir por los demás. ¿Eres dominador o te dominan?
Deténganse por un momento a reflexionar sobre la libertad individual, la genuina, no la de aquella que nos ofrece la oportunidad de tal cosa sabiendo que no lo podremos lograr. Me refiero a la libertad de decidir salirnos del sistema que nos rige en cualquier momento, sin que ello suponga afectar nuestro bienestar y condicionar nuestro futuro.
No podemos ausentarnos de un trabajo sin una causa justificada ni por mucho tiempo, o dejar de cumplir con el pago de la casa, del coche o de cualquier compromiso monetario que hayamos asumido. Tampoco nos podremos liberar tan fácilmente de un jefe que nos presiona y nos hace padecer el tiempo en el trabajo. Y aunque pensemos por un momento que eso podría ser posible si renunciáramos, otros ambientes igual de hostiles o tal vez menos amigables nos estarán esperando.
En cualquier sociedad hay una interacción constante entre diferentes grupos y personas que intentan influir y ejercer poder de diversas maneras. El poder puede manifestarse de muchas formas, ya sea a través de la política, la economía, la cultura, la educación, entre otros ámbitos. Además, las relaciones de poder no son estáticas, sino que están en constante cambio debido a una variedad de factores sociales, políticos y económicos.
Existe un enorme centro de poder que a veces tiene un aspecto casi invisible. Son algunos Estados, organismos internacionales, millonarios o grupos de millonarios, megaempresas, el crimen organizado trasnacional y un sinnúmero de asociaciones que se desenvuelven en la legalidad pero que no tienen escrúpulos al momento de preservar sus intereses.
El poder es una sombra inmensa que recae sobre toda la humanidad y que desciende cual cascada sobre cada uno de los habitantes del planeta.
Desde que amanece el día alguien está ejerciendo coerción sobre nosotros: por un trabajo, por un compromiso, porque voluntariamente decidimos permanecer atados al cumplimiento de pagos y más pagos por bienes y servicios que lejos están de nuestras necesidades elementales y mucho más aún de la felicidad.
Y así transcurren nuestros días, años y décadas, en la mayoría de los casos sin dar siquiera la mínima pelea por librarnos de esa telaraña viscosa que consume nuestras energías y contamina nuestros pensamientos.
¿Pelear contra los poderosos del mundo? De ninguna manera, sería en vano. Ni los líderes sociales más influyentes logran el éxito, apenas consiguen llamar la atención
Pero hay una primera línea de dominio que nos rodea todos los días y es allí donde podemos librar una primera batalla por nuestra libertad.
Son personas y ámbitos que inciden fuertemente en nuestro bienestar cotidiano, a veces por intereses, otras por necesidad o simplemente porque estamos allí, ocupando un lugar en el sistema social.
La pelea no es contra el poder del dinero, contra el poder político ni contra otras fuerzas poderosas que predominan ampliamente. O tal vez sí lo es, pero contra las manifestaciones más sutiles de esos fenómenos, como puede ser la empresa para la cual trabajamos, el jefe, un compañero de oficina belicoso, las llamadas del acreedor, las cuentas del mes, el vecino molesto que se inmiscuye en nuestras vidas, la violencia en la calle, la familia que nos marca los tiempos y nos exige seguir las tradiciones, ese ser que no nos deja en paz y nos llama constantemente al celular para contarnos todo aquello que lo abruma y más, muchas más situaciones que son la continuidad de los centros que ejercen presión sobre cada uno de nosotros y atentan contra la sagrada libertad individual.
¿Renunciar a todo e irnos a vivir solos y tan lejos como podamos? No, o al menos no como primera opción. Mejor sería defender nuestras convicciones y estilo de vida ante todo lo que nos rodea.
¿Definir una estrategia para liberarnos todo lo posible de esas presiones externas cada día? Ese podría ser el camino, siempre que no sea demasiado tarde para algunas vidas que se encuentran absolutamente subyugadas por esas fuerzas absorbentes y dañinas.
¿En qué estado se encuentra tu libertad al momento de leer esto?